lunes, 11 de julio de 2016

Comida incívica

Ayyyy, qué nervios. Ya se huelen las vacaciones. Bueno, yo huelo las mías.
Huele a sol, a salitre y a sudor, pero eso es porque voy en el metro, y hay un montón de adolescentes volviendo de la playa. Pero bueno, que mis vacaciones están a nada, a dos paradas. Descontando los días estoy.

Reconozco que yo en invierno tengo que definirme como una persona casera. Pero en verano, la cosa cambia. Yo en vacaciones no me abstraigo, me extraigo. Todo fuera. Fuera de casa, fuera de mi ciudad, fuera zapatos, fuera ropa, fuera sujetador, fuera problemas… Me asilvestro y me aperruno y no hay manera de hacer vida formal y ordenada.  

El año pasado por poco me ahogo. Estaba en una playa con mar desordenado, y con un calor que se te calcina el pito, y había que bañarse. Y ahí fui, a saltitos, con las plantas de los pies en modo “carne viva on”,  y mientras me concentraba en que las algas no se me enroscaran en las pantorrillas vino una ola que me quitó hasta los pendientes que no llevaba, me cerró los agujeros, me perforó el tabique nasal, me despeinó las cejas y entre el susto, la risa, no respirar y que me venían de izquierda y derecha, no creáis que fue fácil coger aire los siguientes 5 minutos con el tema azotándome. Una amiga estaba a 5 metros de mí, riéndose pensando que todo estaba bajo control, pero creedme, estuvo a segundo y medio de descontrolarse. Una vez en el chirin yo lo contaba con la mano en el pecho y ligeramente pálida, y ella venga a comer papas aliñás entre buchitos de cerveza.  

Y así se me fue pasando, porque no hay cosa mejor que las papas aliñás recién bañada, en un chirin compartiendo plato en grupo con cerveza helada.

Ayyyy, esas papas. Hay cosas que solo se comen fuera de casa. Y no porque solo las sepa hacer Arzak, sino porque son cosas de momentos y lugares.

En tu casa puedes comer pollo. Incluso hecho al horno. Pero eso no es Pollo Asado. El Pollo Asado es el de pollería, en lugar ruidoso, con mantel de papel medio roto por la grasilla, con vasos que por el uso hace mucho que dejaron de ser transparentes, con amig@s, moscas y cerveza. Y patatas, y pimientos, y croquetas y niños dando la coña. Pero desde el cariño, porque los niños de tus colegas dan la coña con amor, no con mala leche como los niños de las mesas de alrededor. Ellos tiran la botella de agua, se pelean con su hermanito, se ponen perdidos de helado, y se hacen sangre en la rodilla pero con estilo. Los de otras mesas lo hacen como a mala leche, como con mala educación. Los tuyos no. Los tuyos son “ayyyy, qué carácter”. Los de las otras mesas son “coñazo de críos”.

¡¡¡¡¡El bocata de lomo!!!!!
En casa te puedes hacer un bocadillo de lomo metiendo el mismo entre pan y pan. Pero un bocata es lo que te compras en una caseta en mitad de un concierto, o de las fiestas de tu pueblo para hacer masa, y sobre todo, sobre todo, es muy importante cabrear al “cocinero” pidiéndole que te lo parta por la mitad…
Cuando te vas tu amiga te dice, - ¿¿Y servilletas?? -,  Y tú le das medio kleenex que tenías guardado para cuando fueras a hacer un pis a un baño “impracticable”, porque cualquiera le pide algo más al de la Lomoneta. Te adoba. 

Este finde me fui de concierto, y aunque estaba en zona VIP, gracias a una coleguita viplingüe, me salí a la zona de la plebe en busca de mi bocata de lomo. 
Fue curioso que me lo dieron al instante, pero cuando le dije a la chiquita en cuestión, – ¿me lo puedes partir por la mitad? – mi bocadillo desapareció 15 minutos. No quiero pensar lo que hicieron con él detrás de bambalinas. No me importa. El alcohol que se sirve en los conciertos es tan… tan… tan… tan… ALCOHOL, que ningún virus permaneció vivo en mi cuerpo más de 15 segundos.

Y aquí, delante del ordenador, comiéndome un chupa chups de interior, pienso en todos los paquetes de pelotazos, ruffles y jumpers que tendremos que comprar dentro de muy poquito tiempo, cuando nos montemos en el coche rumbo a ningún sitio… civilizado.

lunes, 30 de mayo de 2016

Epi_tetos y Blas_femias

El sábado estuve de cañas en un bar nuevo de mi ciudad. 18 cañeros de cervezas distintas, butacones de los cómodos y muchas risas. Las risas vinieron sobre todo porque sobre una de las blancas paredes se proyectaba un partido de fútbol muy interesante. Interesante para los que les guste el fútbol y sobre todo para los aficionados de alguno de los dos equipos participantes.

Me acaban de operar de miopía así que lo veo todo sin necesidad de mirar. Mientras estaba a la conversación, por algún ángulo veía las gilipolleces de la pantalla y avisaba a mis acompañantes al grito de -¡¡¡MIRA, MIRA!!! -. Y veíamos en unión la repetición de cómo un tío como un armario recibía un cachetillo en la cara de otro, se quedaba 3 segundos pensando y procedía a cubrirse la cara con gesto de dolor, se lanzaba al suelo y miraba de reojo hasta la llegada del árbitro. Y venga a reírnos. Siempre me he preguntado lo que pensará la pareja del jugador en cuestión, (ya sea chica o chico) cuando le ve hacer eso. Yo me desenamoraría. A mí es que las cosas más nimias me hacen desenamorarme. Así que si veo que hace el bragas de esa manera, pues imagínate, le cojo manía. Pero claro, igual cuando tu pareja gana millones de euros por hacer trampas cada 4 jugadas, lo ves distinto. Aunque me reitero, si tengo un novio así prefiero ser miope mental.

Pero es que a la par hay cosas que no entiendo. El partido terminó en prórroga. Es decir, tras los 90 minutos de partido (mas sus 15 minutillos de descanso en medio) se supone que tienen que jugar otros 2 tiempos de 15 minutos. Y comienza el drama. Salen al campo más masajistas que jugadores, todos se lanzan al suelo con sus gemelos al viento, y cara de drama… ¿Pero no son deportistas de élite con sueldos de élite y entrenamientos de élite? ¿Jugar 30 minutos más les supone ese drama? ¿O lo único de élite es el avión en el que les llevan a jugar los partidos?. Porque su afición se ha pegado viajes de 10-12 y 14 horas, ancianos y niños entre ellos. Se han pasado todo el día en la calle coreando sus nombres hasta que ha llegado la hora del partido, y muchos de ellos se vuelven según acabe el partido, hechos polvo, en autobuses de mierda… En las gradas es donde debería haber masajistas. ¿Y ellos en cambio? Jugadores que salen, otros nuevos que entran…. Yo soy una mierda de deportista de gimnasio, y a diario mi entrenador me manda 20 minutos de cardio, seguido de mi circuito de pesas, y para finalizar 40 minutos de cardio más. Y los días que me lo aumenta, pues ahí tiro, pero no viene un chino acupuntor. Y salgo andando y voy al súper. No sé, lo normal. ¡¡¡¡¡¡¡Y encima pago!!!!
Y muchas personas de mi entorno, de las de currar a diario, salir de cañas,  cuidar de hijos, se hacen maratones y medias maratones, y cuando tienen los gemelos a punto de reventar, siguen corriendo, porque eso es el deporte, superarte a ti mismo en cada carrera, jugada, pulsación. Pero supongo que eso es cuando vives el deporte, no cuando vives DEL deporte.

Pues no sabéis lo que pasó encima. Que tras los 30  minutos adicionales, seguía sin haber un vencedor. Y llegaron los temidos penaltis. Si, ese final que suele ser bastante ingrato, y considerado poco justo.

Bueno, el caso es que llegan los penaltis, y ahí te importe o no el que gane, te tensionas. Total, que van metiendo todos gol, uno tras otro, porque ES LO NORMAL. Algo que la mayoría consigue se convierte en la normalidad. Pero de repente en el último intento de un equipo, un pobre jugador falla. Joder. A mi ese me da pena, porque le va a quedar la responsabilidad de haber perdido el partido.

Vaya, solo queda una oportunidad en el equipo rival, y justo lo va a jugar el tonto del equipo. Y eso no es un insulto, es un adjetivo epíteto. (Sangre roja, petróleo negro, lunes asqueroso, "este jugador" tonto), y claro mete el gol. Porque es LO NORMAL. Los 4 que han chutado delante de él, también lo han hecho. Pero a él no le importa, para ÉL que se cree DIOS, es el único importante. Se quita la camiseta para hacer el Hulk Hogan frente a sus seguidores, tú me contarás por qué, y se pone a correr como si hubiera jugado todo el partido él solo contra 11 jugadores. El resto le abrazan como si fuera la última cerveza fría  del mundo y le dan todo el protagonismo, pero se escurren porque entre el sudor y el aceitillo marrón que se unta en sus abdominales, su cuerpo patina.

Yo solo digo una cosa. A ver, el tonto del betún, no has ganado los penaltis, los ha perdido el otro equipo.

Ojo, me meto con él como jugador eh? Como persona no le conozco. 

Aun así me quedo con los equipos mas humildes y cercanos, con esos a los que quieres como sangre de tu sangre, no como a Dioses a los que hay que adorar. 

viernes, 8 de abril de 2016

Ciencia o ficción

Últimamente está de moda la ciencia ficción.
Yo soy más de thrillers psicológicos, y soy de esas catetas que cuando no entiendo el final pienso _ ¡¡Menudo peliculón!! _.
Será que me sobreestimo y creo que no la entiendo porque es un estilo neo-culto que no cierra los finales, en lugar de pensar que soy corta y que esta peli no era para mí. Así que me meto en un foro, y me leo el primer comentario donde ponga “spoiler” y me quedo como Dios.
Tiendo a creer lo que leo. Bueno, no siempre.

Acabo de leer que una patada en los testículos equivale a 9mil en la escala de dolor. Similar a un parto. Yo no sé hasta dónde llega esa escala. Pero si hay algo que tengo claro es que nadie puede saber si esos dos dolores son similares, ¡¡puesto que nadie puede experimentar los dos!!.  

Yo solo sé que tengo una amiga que parió a pelo. Supongo que habrá muchas personas en el mundo que lo hacen, voluntariamente o sin remedio. Yo solo le conozco a ella y para mí desde entonces es superior al mundo. La veo hasta más alta. Para mi ella es la que explica los finales en el foro sobre las películas de Neo-culto. El caso es que no anduvo rápida en llegar al hospital, y se chupó a pelo contracciones, dilatación, expulsión y puntos. Así, mirando al techo, y con su churri al lado histérico en plan - ¿qué hago? ¿Qué hago? -.
Ahora que está de moda debatir quien ganaría en una pelea, si Batman o Superman yo lo tengo claro. Mi amiga. Y ¿Superman contra Ironman? Mi amiga. Y ¿Spiderman contra Thor? Mi amiga. Y ¿la Mujer Biónica contra mi amiga? Ahí depende de si la mujer biónica ha parido a pelo. Podría quedar en tablas.

Lo que está claro es que la realidad súper la ficción. El otro día alquilé un coche y era futurista. Bueno, no sé si era futurista, pero por lo visto yo soy “pasadista” y no entendía ni leches.

Yo pedí un simple, barato y pequeño coche para mis quehaceres del momento, y el tío de la empresa de alquileres muy amablemente  y con toda la ilusión me hizo el “favor” de darme por el mismo precio un coche del futuro, con unas dimensiones claramente NO SOLICITADAS. Cuando me monté en el que iba a ser mi coche los siguientes 5 días, mi cabeza cogió medidas cual Robocop ochentero, y visualicé una imagen del coche metiendo tripa entre las dos columnas de mi garaje, conmigo saliendo por la ventanilla…
Qué le vamos a hacer. Arranqué mi Entreprise. Me costó un rato, porque no había lugar donde ubicar la llave de contacto, y tras unos minutos haciendo el ridículo metiendo la llave en varios puntos absurdos (hueco del CD, ranura del aire…) y diciendo entre dientes “ARRANCAR” y “A CASA KIT” por si eso era como el móvil y tenía reconocimiento de voz, le di al botón correcto y pude dirigirme al lugar que en ese momento albergaba todas mis preocupaciones. Ni los papeles de Panamá, ni el Isis… MI GARAJE. Ese tipo de garaje que cuando coges la parcela te exigen 10 años de carnet y certificado compulsado por la OMS de que no padeces del corazón. Pero como lo he hecho mil veces, llegué como distraída, como sin darle importancia… y aquello pitaba que daba gusto.

- ¿Cinturón? - Puesto.
- ¿Luces? - Dadas.
- ¿Puertas? – Cerradas.

Si, ya sé que mis lectores sois muy listos y sabéis que me avisaba de “roce cercano…”. Prometo que me bajé 4 veces del coche, le di vueltas, lo comprobé en reiteradas ocasiones, Y ¡¡NI APARCANDO CON LAS 5 PUERTAS ABIERTAS ME ROZABA CON NADA!! El ingeniero que definió las “distancias de riesgo” nunca ha aparcado en un pueblo costero en agosto… El caso es que aparqué con la música a tope para no oír el PI.PI.PI.PI que me ponía histérica, calculando a ojímetro y con la mano en el respaldo del copiloto, como lo he hecho toda la vida con coches normales sin vida propia. Y una vez apagado el motor, y cuando ya me sentía victoriosa… A tomar por saco, no hay freno de mano.  

- ¿Este botón? – Parabrisas trasero activado.
- ¿Esta palanca? – capó abierto.
- ¿Este otro? – Asiento caliente.

Con los cristales empañados, el culo a 100 grados y una mala ostia monumental por llevar 15 minutos para hacer algo que normalmente me lleva 2, me dispongo a llamar a mi amiga la que parió a pelo, para que me brinde su sabiduría y templanza, pero se me olvida que estoy en la planta “-5” del garaje. Es más fácil encontrar magma que cobertura.
Las cucarachas van con chancletas para no quemarse los pies.

Opto por buscar por el coche el manual. Y allí, metida en el coche con la lucecita del techo encendida, parecía que preparaba el atentado de las torres gemelas en coche ajeno y sin testigos.
Por fin, encuentro el puñetero botón del freno de mano oculto ingeniosamente por el ingeniero que tiene problema para calcular distancias, y me marcho con el culo sudado, con la sensación de que estaría bien una sociedad donde lo único automático fuera el cañero de Mahou, y el único avance fuera la epidural.

viernes, 2 de octubre de 2015

Retorno al entorno

El otro día alguien me dijo, “Es que tus intereses son diferentes de los de tu entorno. Eres diferente”.
(Ya estoy viendo a mis amigas mientras me leen, con media sonrisa y escribiendo en el Chat común de whattsapp, “kañamon, ¿quién te ha dicho que eres distinta? ¿Qué has hecho? Jijijijijij”.)
Pues no vayáis por ahí… que noooooo.

A lo que íbamos,
“… eres diferente”.

-¿Cómo? ¡A mí me encanta mi entorno!!!! ¡Y yo soy feliz con mi entorno!!! ¡Y me interesa lo que pasa a mi alrededor!!!- “indigná” perdida estoy-.

-¿Y quién te ha dicho que no sea así? Solo he dicho, que eres diferente-.

Y me pasó eso de cuando tú te cabreas y la persona de enfrente te hace ver que “no ha lugar”. Que te desinflas.

- Ahhhh, y entonces… ¿Qué se hace en esos casos? ¿Tengo que cambiar de entorno? ¿Cómo puedo ser diferente habiendo estudiado económicas? ¿Si soy mucho me tengo que ir a vivir a uno de esos países que cuando tiras de la cadena el agua gira en sentido contrario? ¿Hasta allí? ¿O vale con que me vaya a un portal con número par?-.
Y yo analizo, y no veo las distancias.

En mi entorno hay muchas madres. Y a mí me encanta, sobre todo en la playa. Si tienes hambre, ellas tienen un bocadillo que han bajado con el pan que sobraba de las meriendas. Si estas incómoda te dejan la silla mientras ellas van al pocito con el cubo, el rastrillo, los manguitos, la pala, el camión, la muñeca, las tiritas… y si no se les olvida, el crio. Si tienes gusa, tienen galletitas y frutos secos. Si tienes sed, ellas tienen agua en la neverita. Si estás tristona tienen chuches “que les sobraron de ayer, pero que no las vean las niñas”… Antes llevaban tabaco, fuego y dinero. Me caen mucho mejor ahora.

En mi entorno hay sobrinos. Antes no había. Ahora voy a las barracas. Me monto con ellos para que no lloren, y resulta que lloran porque no querían montarse. Vivo en una incertidumbre continua. ¿Cómo no me va a gustar?

En mi entorno hay mucha gente de esa que siempre está dispuesta a tomarse unas cervecitas, y de postre un par de copas, con un cuenco de gominolas a poder ser, mientras juega a “salvar o tirar al pozo”, juego que explicaré en otra ocasión, pero que acaba con un tío salvado, otro abandonado en el fondo de un pozo, y otro… muy contento.

En mi entorno está mi trabajo… “cri, cri, cri”. Está. “cri, cri, cri”. Pues eso.

Así que yo me veo bien con mi entorno, y para comprobar qué hay de cierto en esas discrepancias que me achacan,  he hecho un sondeo con una pregunta que para mí diferencia muy bien a las personas. Soy de ciencias, y os aseguro que he hecho una investigación seria, y he cogido una muestra representativa. Variedad de sexos, edades, culturas…: “Qué te gusta más, ¿la nectarina o el melocotón?”.

El resultado ha sido 76% frente a 24%. Gana el melocotón.



Habéis acertado, yo soy de nectarina. El resultado es claro. Al culo del mundo me tengo que ir.
Pero, ¿cómo me voy a alejar de un entorno al que le pregunto, “melocotón o nectarina” y me responden sin cuestionarme?

Pues como en esta vida lo importante es buscar soluciones, me he apuntado al casting de Pekin Expres. Este año es en Australia y tengo retorno asegurado.

miércoles, 15 de julio de 2015

Resacas y rencores

Pues ya está. Me acaban de hacer la revisión médica de la empresa. Análisis de sangre, orina, oído, vista, corazón, reflejos…

Menos mal que este año no me tocaba la prueba esa de soplar en un tubo (¿espirometría?) mientras el médico te grita - ¡¡¡Sigue, sigue, sigue, sigue, sigue, sigue, sigue, sigue!!!!!! -.Que tú hace rato que has dejado de echar aire pero ahí sigues por miedo a que si paras el doctor te de un tortazo. Le devuelves el tubo ese que es como un rollo de papel higiénico acabado, con la raya del pelo cambiada de lado, y continúas todo el examen médico hablando como Gloria Fuertes y pensando si esa prueba es realmente así, o la tuya saldrá en Youtube. Pero no, estad tranquilos, es así. 

Bueno, pues eso, que tengo todo bien. Bueno, no veo un pijo.
Tengo visión birrosa. No, no es un error tipográfico, es que ayer me fui de birras.

Cuando te vas de cañas un día entre semana es lo que pasa. Que al día siguiente ni ves, ni oyes, ni sientes. Pero padeces.
Ahora sólo me queda que me den el resultado de los análisis. Al principio me he preocupado porque me daba miedo que en lugar de sangre saliese espuma, pero no, ha salido todo en orden. Y ahora tengo el brazo morado, todo dentro de lo normal

Lo de irse de cañas en laborable, no es sano. Divertido, todo, pero sano no puede ser. Pero claro, lo prohibido mola más. Un sábado no te importa irte a casa pronto si no es tu día. Ya habrá más. Pero un laborable… Eso nunca pasa. Siempre te apetece la penúltima, te las bebes como agua, y claro, luego al meterte en la cama el mal rollo te invade. El mal rollo físico por “el barco”, y el mental por la conciencia. Apagas la luz y los números del despertador brillan más que nunca. Parece que te mira con el ceño fruncido, como preparándose para el hostiaco que le vas a pegar en cuanto empiece a sonar.

Y efectivamente, cuando suena, lo apagas a leches, una vez, y otra, y otra, y otra… Así cada 9 minutos, hasta que tienes que salir de la cama como un sputnik, porque apagar el despertador, aprendamos de una vez que ¡¡¡no detiene el tiempo!!!.

Da igual las veces que te duches, el jabón que uses, las veces que te laves los dientes… Durante todo el día te acompaña la sensación de oler a borrachona.
Aunque pongas todo el esmero, el pelo te queda como el ANTES de los anuncios de champú, y tienes los ojos del color de la picota. No sabes si echarte colirio o Skip.

Te encuentras tan mal, que te dan ganas de suicidarte sin dejar nota ni nada. Aunque lo he pensado y sí, yo creo que dejaría nota echando la culpa de mi muerte a toda la gente que me ha hecho una putadita en la vida, para que se sienta mal durante la eternidad. Y luego pienso que no, que eso es de mala gente, que mejor me paso la eternidad sentada a los pies de su cama, observándole… eso jode mucho mientras duermes. Pensadlo todos los que me habéis hecho alguna putadita… Ya lo siento, yo no soy rencorosa, viva. Muerta no lo garantizo. Yo no sé si mi mala ostia se queda en el cuerpo, o eso va en el alma... Pero vamos, que si me ves al pie de tu cama, es que se ha venido conmigo, y ¡¡¡te vas a cagar!!!!

Pero bueno, de momento tranquilidad que no voy a combatir la resaca con un suicidio. Por lo menos hasta haberme comido un pincho de tortilla y una Coke.
Eso da la vida. Es como un desfibrilador culinario. Resurges de tus cenizas. 
Y luego con tu infierno de resaca, lo único que te queda es trabajar en cosas que no requieran ni esfuerzo físico ni pensar mucho. En mi caso, que me tiro 10 horas delante del ordenador, ese esfuerzo es no dormirme. Y yo creo que es una de las luchas más difíciles del mundo. Ni “vale tudo” ni “karate” ni nada. Si tus ojos se quieren cerrar no hay fuerza humana que los mantenga abiertos. Es una pelea perdida. Birojeas, te frotas los ojos, bebes agua, sacudes la cabeza… pero tus párpados en cuestión de segundos vuelven a caer irremediablemente.
El sueño es como el hipo, solo te lo quita un susto. De repente suena el teléfono y al otro lado está tu jefe a gritos. Ahí los parpados hacen efecto persiana y si te apuras ni vuelven a bajar en un ratito.

¿No estás de acuerdo? Me lo dices cuando me veas a los pies de tu cama, a ver si eres capaz de volver a dormirte...

miércoles, 17 de junio de 2015

Cleptomanía sentimental

Poca gente me da tanta vergüenza ajena como Laura Pausini. Y Pipi Estrada, y Lidia Lozano, y Carmele Marchante y Víctor Sandoval, y… Vale mucha gente conocida me da vergüenza ajena. De hecho tengo un estadio eléctrico. Completo. No queda ni un sitio libre, como en la final de Copa. Empezó siendo una silla eléctrica, pasó a tresillo, y como no tenía espacio suficiente, se convirtió en un estadio. Mis amigas a veces me lo piden para sus propios odiados. Pero no siempre puedo dejárselo. Es como en la discoteca de moda, que tienen que salir unos para entrar otros. Pues aquí igual, para sentar a unos tengo que indultar a otros. En mi entorno también hay mucha gente que me da vergüenza ajena, pero no la puedo nombrar. No es que quiera respetar su anonimato, es que no tengo tiempo, he quedado en 6 horas.  

Bueno, que me desvío. El caso es que no puedo ver el programa en el que sale esta chiquita. Ni por error, ni de paso. Si sin querer llego en un zapping y se me acaba la pila del mando no me quiero imaginar el drama hasta que encuentro pilas nuevas, o chupo las viejas. (Porque de todos es sabido que cuando chupas una pila gastada, funciona). Y la culpa es suya, bueno, y de algún otro compañero que tiene por ahí. Pero es que entre el “Se le apagó la luz” de uno, y el “Se fue” de la otra, he crecido con unos dramas… que ahora les veo y me dan angustia.

Yo es que soy de sentimiento ajeno muy desarrollado. No solo tengo vergüenza ajena, también sufrimiento ajeno, mala ostia ajena, injusticia ajena… agotador. Yo no sé si eso existe, pero yo lo tengo. Si hay algún psicólogo leyéndome, que investigue por favor. Igual acaba existiendo el Síndrome Kaña-mon. Uno entre un millón, y me ha tocado a mí. Acabo de comprobar el Euromillón y nada, pero rarezas, las tengo todas. Claro que igual si pruebo a no chupar pilas, se me quita todo.

Que me viene una tía a las 3 de la mañana y me cuenta que acaba de parir trillizos,  le ha dejado el marido por su hermana gemela, le han echado del trabajo, ha vuelto a vivir con su padre en 25 metros cuadrados y le han salido canas hasta en el pompom… Y la tía, tras media hora hablando se pide otro cubata y me suelta un  - Y en esas estamos chica, ¡¡Me encanta esta canción!!!!”-. Y ahí le dejo a ella en mitad de la pista, con un copazo bailando ay si eu te pego” (si, está pasadita de moda, pero como vosotros comprenderéis últimamente la chavalita, no ha salido mucho…). Y yo me quedo con la preocupación de la resaca que va a tener mañana esa tía con la mierda de vida que lleva. 

Y si un compañero de trabajo me cuenta que el jefe le ha cancelado las vacaciones 2 horas antes de irse de viaje, la que monta el pollo soy yo.
Por eso voy por el mundo a la voz de ¡NO ME CUENTES! ¡¡¡NO ME CUENTES!!! ¡¡¡¡NO ME CUENTEEEEEES!!!!

En cambio en el cine eso no me pasa. Por un lado porque no veo dramas, y por otro, porque las situaciones vergonzosas no se dan en los thrillers. Es que imaginaos que el protagonista atractivo cuando tiene que derrumbar la puerta a golpe de hombro, rebota. Pues flipas. No veas qué vergüenza. Y todo el cine con la cara tapada con el jersey, buscando el mando para hacer zapping. Y eso no puede ser, así que lo ves tranquilamente porque sabes que no va a pasa lo que te pasaría en la realidad, que rebotas. Un poco de vergüenza puede haber al final de la peli si hay barras y estrellas e himno patriótico. Pero eso cada vez se ve menos en la ficción porque cada vez hay finales mejores, y se oye menos en la realidad, por los silbidos.

De todas maneras yo lo he estado pensando y no entiendo cómo son esas puertas de las películas, que se caen al primer golpe. En mi tierra, las puertas no se abren de par en par tan fácilmente. Por eso a todos nos ha pasado alguna vez a las 5 de la mañana ir a tientas con los brazos estirados y la puerta entornada te pega en toda la frente. Y lo que jode, por el daño y por la auto humillación. Esa vergüenza no es ajena, es para ti, con tu auto ostia. Y encima no te puedes cagar en todo a gritos, por sueño ajeno... 

Y aun así, en el cine, teniendo esa mierda de puertas, cuando la mujer tiene miedo en su casa solitaria de 3 pisos,  coge una linterna del cajón de la entrada, se cruza la chaqueta de lana y cierra la puerta de cristal de la entrada principal a jardín oscuro de 80 hectáreas, con un pestillito: CLIC

Ya lo siento, pero mi pestillo del baño es mas fiable que eso. Las puertas en nuestro mundo real son de otro rollo. Cierras puerta blindada de 10 cms de grosor, y CROCK, CROCK, CROCK, CROCK, CROCK, CROCK, 6 vueltas de llave. (En mi casa son 8 pero me he cansado del copia/pega) Una terraza en un quinto piso tiene puerta de doble cristal además de barrotes, y las ventanas tienen persianas. Y todo esto lo utilizas sin tener miedo. Para cuando tenemos miedo, hay un mecanismo adicional que es infalible. El nórdico. Te metes debajo, y ya nada puede pasar.

Y en eso estoy, después de ver una película de alta tensión, debajo del nórdico, pensando a quién indultar de mi estadio para meter a la chiquita esta. Por lo menos solo es un hueco, no va con pareja, porque “Marco se ha marchado para no volver”. No me extraña. 

jueves, 4 de junio de 2015

Día libre

Qué cosa esta de cogerse un día libre, así, tontamente y sin venir a cuento. ¡¡Es toda una experiencia!!!

Miento, en realidad, mi decisión de cogerme un día libre estaba condicionada a un plan digamos… acuático. Pero se me cayó el plan en el último minuto. Bueno digamos que se me empezó a caer en el minuto 20… y aunque yo seguía obcecada en que no podía ser, al final tuve que aceptarlo en el minuto 90.
Mi idea para el día libre era ver un barco en mi tierra, atravesando mi ciudad, con un montón de jóvenes deportistas con camisetas de alegres colores en la cubierta, y la ciudad jaleando cerveza en mano con vítores y cánticos. Pero cuando me di cuenta de que no iba a poder ser… decidí no cancelar mi día libre. No voy a dar más detalles del tema, puesto que como sabéis, soy muy discreta con mi lugar de origen. (Quien todavía no haya dado cuenta de  mi lugar de origen, pues nada más que decir pues.)

El caso es que viendo que no me iba a dar a la cerveza y las palmas, opté por dedicarme a mis cosas pendientes.
¡¡Y cuántas pequeñas cosas pendientes se dejan de  hacer en el día a día por las prisas y el estrés!!

Copias de unas llaves. ¡¡Si se tarda 3 minutos!!! Claro, un lunes a las 10, porque inténtalo un sábado. Delante de ti hay 6 personas comprando barras de ducha de medida impar, sartenes con forma de Minnie Mouse para la tortillita del niño, taladro que incluya broca del número PI, termo de silicio libre de alergias y cantimplora en la que salgan Bob Esponja y Pocoyo juntos, y abrazados… y en rojo, y ¿qué precio tiene?. Y te desesperas, y te vas de aperitivo. Un sábado más sin llaves nuevas. Pero la cerveza y aceitunas te dan la energía necesaria para soportarlo una semana más.

Estaría bien vivir sin trabajar. Todo el tiempo del mundo para ti. Simplemente haciendo en cada momento lo que te de la gana. Tú y tus decisiones. No haces las cosas porque nadie te las pida, ni tengas que entregarlas a tal hora, ni te pagan por ello… Tú decides lo que haces, y sobre todo, lo que no haces.  

Y en eso estaba yo, cuando decidí alegremente llevar el coche al taller por un ruidito.
Ahora mismo mi coche está camino del desguace... Cricri, Cricri... Si, esta fue una decisión de las que te dejan cara de “en qué momento…” pero oye, decisión tomada. Next, please.

De momento decidí seguir callejeando a pata, (esa fue una decisión impuesta), y me di cuenta al pararme a rascarme un pie, de dos cosas. Rascarte cuando te pica es uno de los mayores placeres de la vida, y la ciudad un lunes a las 11 de la mañana está petada. Las tiendas, las cafeterías, las terrazas… y a mí eso me mosquea. ¿La gente vive ociosa?

A veces creo que mi vida es una especia de SHOW DE TRUMAN, ¿sabéis?. Todo a mí alrededor está preparado para que mi vida sea la que es. Y todo es un decorado. Como soy miope no me entero de la cara de la gente, así que… ¿Y si siempre son las mismas personas? ¿Y si me han mandado a trabajar a otra ciudad para redecorar y sustituir a los jubilados discretamente? ¿Igual por eso se te acercan a las 6 de la mañana con el "yo a ti te conozco"? ¿Me habrán visto en la tele? (Si es así, Mahou tiene que pagar una pasta en publicidad). Pero luego pienso que no, ¡¡que nadie puede ser tan hijo de puta para haberme organizado la vida que llevo!! Un día más de estrés a la semana y fibrilo.

Por suerte en unas 7 semanas me voy de vacaciones. Estoy en duda de si marcharme de viaje o quedarme aquí, callejeando, haciendo copias de llaves y rascándome a mi ritmo, con la gente del día a día. Pero en Agosto mi tierra se queda vacía… ¡¡Claro, tienen que seguir dando forma a mi vida!!

Pues voy a aprovechar para decir una cosita. Dejadme más hueco en la playa los domingos, que a veces agobiáis un poco…